Mientras el Gobierno nacional profundiza su plan de ajuste contra los trabajadores, la interna en la central obrera se recalienta. Los sectores más firmes de la CGT rechazan el "diálogo" estéril y proponen una huelga de 36 horas con movilización para frenar la ofensiva oficial.
La Confederación General del Trabajo (CGT) atraviesa horas decisivas tras el acto del Día del Trabajador. En un escenario donde el salario se pulveriza y la estabilidad laboral pende de un hilo, la interna sindical ha quedado expuesta: por un lado, el sector "dialoguista" que busca bajarle el tono a la confrontación; por el otro, el ala combativa que entiende que el momento de resistir en las calles es ahora.
La presión de las bases: Por un paro de 36 horas
Frente a la pasividad de algunos dirigentes, los sectores más duros de la central obrera —con el apoyo de las dos CTA y los movimientos sociales— han puesto sobre la mesa una propuesta contundente: un paro nacional de 36 horas que incluya una gran movilización hacia la Plaza de Mayo.
Para estos sectores, la tregua con el Gobierno es insostenible. Argumentan que la administración actual ha demostrado no tener intención de negociar condiciones dignas para el pueblo trabajador, y que la única respuesta posible ante el desguace del Estado y la pérdida de derechos es un plan de lucha que escale en intensidad.
El "diálogo" como trampa
Mientras la Casa Rosada intenta dilatar los plazos y fragmentar el poder sindical, los dirigentes que impulsan la huelga advierten que sentarse a negociar sin una medida de fuerza previa es "ceder ante el ajuste". La crítica hacia la "mesa chica" de la CGT es clara: no se puede especular con el calendario cuando la realidad de los hogares argentinos es crítica.
"Nadie se salva solo", es el concepto que resuena entre quienes exigen una respuesta unificada. El reclamo por un paro general no es solo una medida de presión sectorial, sino un acto de defensa ante un modelo económico que atenta contra la clase media y los sectores más vulnerables.
Un escenario de confrontación inevitable
El recrudecimiento de la interna gremial refleja el descontento social que crece día a día. El sector combativo sabe que la fuerza de los trabajadores reside en la unidad y en la acción directa. La propuesta de las 36 horas de huelga busca romper con la inercia y enviar un mensaje inequívoco al Ejecutivo: el movimiento obrero no será un espectador pasivo de la destrucción de la industria nacional y el empleo.
En los próximos días, la presión de estos gremios será clave para definir si la CGT asume su rol histórico de vanguardia en la resistencia o si continúa atrapada en una estrategia de espera que solo favorece los planes del Gobierno. Por ahora, el mensaje de la calle es uno solo: el ajuste no se negocia, se combate.

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