La Consultora y Coach Rosana Etcheverry analiza las patologías del mando tradicional y propone un cambio de paradigma: dejar atrás al 'caudillo' que busca seguidores para dar paso al Líder Multiplicador que forma nuevos equipos.
En un contexto de cambio constante donde la gestión del capital humano se vuelve el activo más valioso, la Politóloga, Consultora y Coach Ontológica Rosana Etcheverry advierte sobre la persistencia de modelos de mando obsoletos que frenan el crecimiento de equipos y agrupaciones. A través de su análisis sobre el "liderazgo feudal", Etcheverry propone una transición urgente hacia lo que denomina un "Liderazgo Multiplicador".
Para la especialista, la vieja máxima de "divide y reinarás" sigue siendo el cimiento de muchas estructuras actuales, lo que deriva en una patología del mando que confunde autoridad con propiedad.
"En muchas estructuras, el dirigente no ocupa un cargo: se adueña de él. Convierte el sello en una Pyme política. El Líder Multiplicador, por el contrario, entiende que su agrupación debe ser una Incubadora de Talentos", explica Rosana Etcheverry.
La anatomía del miedo y el control
Uno de los mayores obstáculos para la innovación, según Etcheverry, es el verticalismo asfixiante donde la comunicación deja de ser un diálogo para convertirse en un monólogo. En estos entornos, pensar diferente no se percibe como un aporte, sino como una amenaza directa al control del líder.
"En lo que llamo 'liderazgo feudal', es imposible pensar y aportar, porque eso se vería como un desarrollo político que no conviene porque se etiqueta como 'rivalidad'", señala la consultora.
Además, Etcheverry destaca cómo estos perfiles utilizan herramientas de manipulación y castigo social, como la "ley de hielo", para silenciar la disidencia: "Para el caudillo, escuchar es una muestra de debilidad o una pérdida de tiempo frente a su 'visión personalista'. Se premia la obsecuencia mientras se castiga el pensamiento propio".
Para la consultora, gobernar a través del miedo es una sentencia de muerte para cualquier agrupación política u organización que aspire a la trascendencia. La falta de democracia interna y de "aire fresco" para nuevas ideas conduce inevitablemente a la desaparición del proyecto colectivo en beneficio exclusivo del caudillo.
“Una estructura que no respira democracia interna y que no permite que el aire fresco de nuevas ideas circule, termina por asfixiarse. El resultado es siempre el mismo: el beneficio propio del caudillo a costa del estancamiento —y eventual desaparición— del partido”, explica la Coach.
El poder real no se retiene, se distribuye
En referencia al poder, Rosana Etcheverry profundiza en las consecuencias a largo plazo de persistir en modelos de liderazgo basados en el control y la asfixia del pensamiento propio. Advierte que confundir la gestión de una causa con la administración de un feudo personal es un error táctico con fecha de vencimiento.
“Si tu crecimiento personal o el de tu agrupación depende de que los demás no piensen, no estás liderando una causa; estás administrando un feudo que tiene fecha de vencimiento”, sentencia Etcheverry.
Etcheverry establece un paralelismo histórico directo al referirse al "líder feudal", vinculando estas prácticas contemporáneas con las técnicas de sometimiento de épocas pasadas, donde la persecución de la disidencia era la herramienta clave.
“La mención de líder feudal nos remonta a las prácticas de aquella época donde perseguir a quienes se animaban a pensar desde otro lugar, fue la herramienta de sometimiento y exterminio. Porque de eso se trata hoy también la política feudal, 'conmigo, o contra mí', sin derecho a debatir democráticamente”, detalla.
La única salida: el compromiso con la transformación
La especialista en Liderazgo Inteligente señala que la única manera de romper esta espiral del miedo es a través de una transformación interna profunda y un cambio de mentalidad radical sobre la naturaleza del poder.
“Para salir de esta espiral del miedo, la condición es una sola: el compromiso real de trabajar en la transformación interna, reconociendo que el poder real no se retiene, se distribuye”, expresó Rosana Etcheverry.
Hacia un Liderazgo Multiplicador
La propuesta de Etcheverry desde la óptica del Liderazgo Inteligente invita a una transformación interna profunda. El objetivo es pasar del "jefe de tropa" al "líder de equipo", entendiendo que la verdadera eficacia no reside en el sometimiento, sino en la capacidad de generar nuevos referentes.
"Desde mi perspectiva, sostengo que 'el verdadero líder es formador de líderes'. Es, esencialmente, un multiplicador y para llegar a serlo, se requiere de una genuina transformación interna", concluye Rosana Etcheverry.
Esta visión busca reemplazar el lenguaje reactivo y disciplinante por uno generativo que abra posibilidades, permitiendo que la renovación sea vista como una oportunidad de mejora y no como un "atentado" contra la autoridad establecida.

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