• Lunes, 22 de Enero de 2018

A 41 años de la peor etapa de nuestra historia: Nunca Más!


  • Jueves, 23 de Marzo de 2017

La violencia entre el Estado y la sociedad se llevaba cientos de vidas desde fines de los años 60, por lo que el Golpe cívico militar del 24 de marzo de 1976 solo correspondía al final de una etapa y el comienzo de otra.



Una etapa mucho más siniestra que la anterior por cierto. La intención del Golpe fue justificado por las FFAA como un intento en reestablecer “el orden” en un país sacudido por las organizaciones armadas y por movimientos culturales que enfrentaban viejas normas morales. La Escuela de las América los había entrenado muy bien.

Con la represión en manos de las nuevas autoridades, estas se encargarían inmediatamente de ostentar su poder ocupando fábricas, controlando calles y caminos; copando medios de comunicación, censurando libros; y era así en ese marco de inmunidad e impunidad y en forma clandestina, secuestrarían, torturarían y harían “desaparecer” a miles de personas. Todavía hoy, tantos años después de este terrible proceso, se desconoce el paradero de miles de cuerpos de amigos, sobrinos, nietos, padres, hijos….

Con el Golpe, la sagrada democracia había sido casi herida de muerte y miles de personas eran arrancadas de sus hogares o de sus lugares de trabajo. Los motivos para sus secuestros eran tan variados como absurdos. “Pensar y preguntar” estaba de más; investigar sobre el paradero de un ser querido que no había llegado a casa te hacía cómplice de la subversión. Es decir: “pertenecer a un movimiento revolucionario; al que se le atribuye la destrucción de la estabilidad política o social de un país”. Esta razzia institucional llevaría al “desaparecido” casi seguramente a su muerte.

Los radicales

Como radicales tenemos a hombres y mujeres que se han animado a enfrentar abiertamente a la dictadura militar.

Tal vez, las figuras más relevantes dentro de este contexto sean las de Sergio Karakachoff; Raúl Alfonsín; o los abogados chubutenses Hipólito Solari Yrigoyen y Mario Abel Amaya. Estos últimos venían abiertamente, desde la dictadura de Onganía, Levingston y Lanusse, revindicando los derechos humanos al asesorar a  trabajadores y sindicalistas perseguidos durante la llamada “Revolución Argentina”. A comienzos de la década de 1970 defenderían a presos políticos detenidos en la cárcel de Rawson y esas improntas les dejarían marcas imposibles de borrar para sus enemigos en los años siguientes. Ambos, como abogados, enfrentarían por aquellos la terrorismo institucional en tiempos donde toda actividad política estaba proscripta. En el año 1973, Solari Yrigoyen sufriría en carne propia el terrorismo estatal por parte de la Triple A, agrupación terrorista autorizada desde el Estado avecinando los oscuros años que estarían por venir.

Lo cierto es que tanto Karakachoff, Amaya, Solari Yrigoyen sufrirían el horror de los tormentos. Este último pudo salvar su vida gracias a los reclamos de organizaciones de Derechos Humanos en el extranjero. Pero los primeros cayeron muertos como tantos otros miles de argentinos.

Raúl Alfonsín estuvo presente en el entierro de Amaya; sus palabras de despedida trascenderían con el tiempo.

“…Venimos a despedir a un amigo entrañable… Un amigo valiente que no sabía de cobardías (…) venimos también a despedir a un distinguido correligionario, a un hombre radical, a un hombre de la democracia, que no la veía constreñida a las formalidades solamente, sino que la vitalizaba a través de la participación del pueblo para poner el acento en los aspectos integrales, en los aspectos sociales. (…) Y venimos también a despedir a un hombre calumniado, infamemente calumniado, juntamente con otro correligionario que está sufriendo una cárcel que nadie se explica: Hipólito Solari Yrigoyen. Se pretende tergiversar el sentido de la lucha de estos dos extraordinarios correligionarios, cuyo único pecado es pretender solucionar los problemas de los desposeídos, cuyo único pecado es sostener con Yrigoyen la defensa del patrimonio nacional…“ Octubre de 1976

Alfonsín, siendo luego del 10 de diciembre de 1983 presidente de los argentinos, se encargó de colocar a los máximos responsables en el banquillo de los acusados y de otorgarles el derecho a defenderse ante los jueces. Fueron condenados más tarde con mucha razón.

Ojalá podamos como argentinos aprender del pasado; porque pareciera que muchas veces volvemos hacia él solo para recordarlo en actos patrios. Es momento de aprender que la violencia política ha sido producto de la intolerancia al que piensa distinto; del disentimiento a los malestares sociales; del manejo de la información muchas veces en manos de medios periodísticos inescrupulosos, de la corrupción política en representantes populares, etc.

Cuando la sociedad se divorcia de sus gobernantes; cuando los canales de comunicación colapsan y las instituciones pierden el rol que les corresponden, quedan expuestas las miserias humanas logrando confundir los golpes de Estado con revoluciones…

Sobre estos espacios ya hemos transitado muchas veces como protagonistas de la historia Argentina.  

Lic. Orlando Vera

Frente Radical Amaya Chubut

Federalismo En Práctica

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